Llamada “La Ciudad Roja” por el color de sus edificios, Marrakech es uno de los lugares más importantes de Marruecos. Auténtica jungla de coches vigilada por la gemela de la Giralda, la Mezquita de la Koutoubia.
El corazón de la ciudad, la Plaza Jamaa el Fna, durante el día un zoco donde puedes comprar de todo, incluso dentaduras. De noche, un estallido de sonidos y espectáculos.
Otras visitas en la ciudad fueron los Jardines de la Menara (aquello parecía “el olivar de la tía Paca, según nuestro amigo Luís), las Tumbas Saadianas y el Palacio de la Bahía.
Hicimos una excursión al Valle de Ourika. Un valle situado a pocos kilómetros de Marrakech. Un precioso paraje gobernado por los Montes Atlas donde pudimos ver pueblos bereberes auténticos. Me llamó la atención un curioso sistema de refrigeración para refrescos de un bar y que no podía dejar sin compartir con vosotros.
Todo lo que vimos en Marruecos fue maravilloso, sus mezquitas, palacios, sus plazas llenas de espectáculos, de vida, de olores y como no, de sabores, ricos los dos primeros días, después todo te sabe a curry o a las más de 50 especias que utilizan en todas las comidas.
En general la gente fue bastante agradable y hospitalaria. Por todo esto (menos la comida) y por lo que me queda por visitar, merece la pena volver.








